EducacionGeneral

8 Mar, 2017

 

Discurso del Dr. Franklyn Holguín Haché durante Toma de Posesión

Es de justicia, en un momento tan importante para mí, sobre todo cuando defiendo el concepto de que el sentimiento más noble del ser humano es el de la gratitud, por tanto, quiero agradecer profundamente el honor que me dispensan con su presencia, Su Excelencia Reverendísima Jude Thaddeus Okolo, la Lic. Alejandrina German, Mons. Nicanor Peña, Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, Dr. Mariano German, Presidente de La Suprema Corte de Justicia, Dr. Milton Ray Guevara, Presidente del Tribunal Constitucional, Dr. Mariano Rodríguez, Presidente del Tribunal Superior Electoral, al Lic. Opino Alvarez, Presidente de UNAPEC, al Lic. Freddy Domínguez, Presidente del Consejo APEC de Pasados Presidentes, al Lic. Justo Pedro Castellanos, Presidente de APEC y en ellos, a los importantes integrantes del Grupo APEC, a los Señores Rectores, Excelentísimos Embajadores presentes, Invitados Especiales, a mi hijo Francisco Julián, a mi querida familia aquí presente, a mis compañeros del Colegio Santa Teresita, a Sor Ana Josefa Fajardo, Superiora General de las Misioneras del Sagrado Corazón, Abnegados Profesores y Estudiantes de UNAPEC, amigas y amigos.

En el año 1997 hice juramento de servir a la Universidad APEC como Rector, y afronté esa tarea hermosa de asumir la educación como una batalla digna de invertir en ella las energías de nuestra existencia. Y esa certeza de que valía la pena concebir la misión de la vida ligada al objetivo de la educación,  la sentí con mayor vigor cuando dejé el cargo en el año 2001.

La educación es muy fluida, se mueve con la misma velocidad que se mueven los grandes descubrimientos, las grandes proezas de la tecnología, las propuestas de los extraordinarios sistemas gnoseológicos, el saber en sentido general. Como en el axioma del antiguo filósofo del mundo griego, Heráclito de Efeso, “nadie se baña dos veces  en el mismo río”.

De  igual modo, la educación de hoy no es la misma que la de ayer, ni yo soy el mismo, ni mis ideas de entonces podrían tener cabida en un mundo en el que ya todo ha cambiado, y en el cual las ideas sobre la educación son otras, y las  universidades  muy diferentes de lo que eran.

Dieciséis años no se miden tan solo en el discurrir del tiempo cronológico, sino en la velocidad con la cual las transformaciones tecnológicas han impactado el mundo.

Todo ha cambiado, incluso las nociones de tiempo y espacio que parecían inconmovibles han cambiado radicalmente.   Hoy estamos, queramos o no, condicionados en los aspectos fundamentales de nuestra existencia por lo que ocurre en las redes globales y locales que configuran la sociedad-red del mundo posmoderno.

Y no hay manera de escaparse, “porque esas redes incluyen y organizan lo esencial de la riqueza, el conocimiento, el poder, la comunicación y la tecnología que existe en el mundo”.

En ese marco, las Universidades han transformado su función y su práctica. Soy el primero en reconocer ese reto. En un mundo globalizado, con una economía mundial, sumergidos en la sociedad de la información y el conocimiento, tomados por la tecno ciencia; las universidades están obligadas a repensarse a sí mismas.

No es posible vivir al margen de estas realidades, cualquiera que sea el déficit de ciudadanía que arrastremos, en el centro mismo de todas nuestras particularidades como país, es necesario que las universidades contribuyan al desarrollo, que participen activamente en la solución de los problemas de la nación, que sean proactivas frente a las numerosas dificultades que traban el crecimiento humano, y que puedan aportar conocimientos aprovechables y oportunos en los problemas de coyuntura  que se presentan.

Y esgrimo éste pensamiento, que se inspira en las viejas ideas del pedagogo latinoamericano más citado, el venerable Paulo Freire, porque, y cito a Freire: “La lectura del mundo debe preceder a la lectura de las palabras”.  ¿Qué es lo que nos dice la lectura del mundo? Que la educación es hoy una tarea permanente, que las competencias del educando en el nivel superior no solo son  un instrumento para el trabajo, sino para la vida, para el disfrute pleno de todas las potencialidades humanas; que la fluidez de los cambios tensa cualquier discurso gnoseológico porque la obsolescencia puede ya ser programada, que las universidades lo que venden es saberes, y que esos saberes se tienen que vincular con la práctica, con la vida de los pueblos, con las formas de organizar la interactuación social y la convivencia.

Esa es la Universidad con la que soñamos, una universidad que conmueva e impulse al estudiante a tener una idea del saber que se mida de sí hacia afuera, que se concrete en la contribución de elevar el estado de bienestar del país, que sea liberadora e integral. Y para ello, es imprescindible la figura del maestro.

Podría citar ahora una enorme cantidad de definiciones teóricas respecto del papel del maestro, muchas de ellas provenientes de la tradición de los valores de la ilustración; pero como en el año 1997  dije unas palabras respecto del papel que los docentes desempeñarían en mi rectorado, las repito porque es lo que creí entonces, y lo que creo ahora, (cito): “Desde el año 1968 en estas mismas aulas , he sido uno de ustedes, soy uno de ustedes y seguiré siendo uno de ustedes.

Interpreto en su profundidad sus anhelos y sueños, y entiendo a la perfección ese sentimiento latente en sus pensamientos, de esa necesidad de una verdadera comunicación efectiva, el deseo de progreso, el alcance de una estabilidad, el logro de un avance, la facilidad de la perfección profesional, la promesa de obtención de un estatus y la existencia de triunfos y reconocimiento”. Eso dije entonces, y ahora agrego: “Ustedes dirigen el aprendizaje que ha de guiar la relación del yo con la vida pública y de la responsabilidad social con las peticiones más generales de la ciudadanía”-como bien señala Henry A. Giroux, en su  libro “Crítica de la educación y Estudio de la cultura”. Porque nunca antes como en la posmodernidad del mundo de hoy, la educación ha estado tan próxima a la inmediatez de la vida. Un enorme papel, una gran responsabilidad que enfrentaremos juntos.

También en mi discurso de toma de posesión del 1997 dije las siguientes palabras en relación con el papel de los estudiantes en mi idea de la Universidad, y me imagino que todos estaremos de acuerdo en que hoy son más pertinentes que entonces (CITO): “El mundo se agita sin cesar, y en su seno pasan los imperios, se suceden las generaciones, testimoniando así la inestabilidad de los destinos humanos. Si antes las ideas han sido esencialmente exportables, y pueden pasar de un país a otro con la extraordinaria fuerza de expansión y con la celeridad propia del personal humano, y como ejemplo típico de esta rapidez fue el poco tiempo que necesitó la Revolución Francesa para circular por el mundo y para promover en todas partes los más profundos sacudimientos sociales, cambiando los conceptos reinantes en Europa y América, qué no será hoy con el avance tecnológico moderno en que vivimos?

UNAPEC conoce del momento preciso y está destinada a satisfacer necesidades auténticas de la generación de jóvenes que recibe en sus aulas y desea ensanchar los horizontes abiertos al porvenir de la juventud dominicana. Por ello me propongo, y les propongo, que emprendamos juntos asumir un papel de mayor importancia en la vida actual de la República”, (Fin de la cita).

Las vigencias de estas palabras que pronuncié en el 1997 están a la vista, y el compromiso es lo que reiteramos aquí.

A toda la comunidad universitaria, autoridades, profesores, estudiantes, empleados y relacionados; porque la universidad somos todos, y porque no hay ninguna otra manera de seguir impulsando una Universidad que responda al reto de los tiempos que corren. Alinearnos como un todo en los objetivos de crecimiento de nuestra Universidad, y optimizar nuestra oferta educativa, convirtiéndonos en la vanguardia de la educación superior en nuestro país. En esa línea quisiera anunciar algunos acuerdos destinados a fortalecer nuestra línea investigativa y el objetivo de participar en la solución de los problemas de coyuntura por los que atraviese la nación.

Comenzaré de inmediato la ejecución del Convenio Marco firmado con la Universidad Hebrea de Jerusalén, con el cual iniciaremos las negociaciones para proyectos académicos de gran trascendencia.

Este acuerdo incluye una variada gama de aspectos universitarios como intercambio de profesores, intercambio de estudiantes, intercambio de materiales y conferencias conjuntas. Pero hay una intención concreta en este acuerdo que quisiéramos destacar: iniciaremos un programa de investigaciones conjuntas y de innovación, aspectos en los cuales la Universidad Hebrea de Jerusalén se destaca como una de las más importantes del mundo; con la intención de crear en el seno de nuestra Universidad un Centro de  Investigación e Innovación. Los tiempos obligan a las Universidades a impulsar la investigación, a desarrollar la innovación como un factor esencial de la educación. Ninguna Universidad en el mundo de hoy puede prescindir de la investigación, puesto que el conocimiento que una Universidad proporciona lo debe generar ella misma. Y en lo que respecta a la innovación es una forma muy adecuada  de contribuir a nuestro desarrollo económico y social.

Nos parece, pues, una meta muy pertinente; las universidades dominicanas deberían orientarse, ciertamente, hacia el capítulo de la innovación. Sobre todo en un país como el nuestro, tan creativo, con gente muy diestra y aguda, pensando nuevas modalidades y nuevos métodos de explotar lo que ya la tecnología ha conquistado, que solucionen problemas nacionales, que permitan elevar la productividad, mejorar la convivencia y la calidad de la vida. Es  mucho lo que las Universidades podrían hacer.

En esa línea anunciamos también la celebración de una Conferencia Internacional  con el “Instituto Truman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén”, la Organización de Estados Americanos (OEA), con el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, con la extraordinaria colaboración de nuestro Embajador Alexander De la Rosa y el apoyo decidido del Sr. Daniel Saban, Embajador de Israel en Rep. Dom., 25 y 26 de julio de este año,  sobre un tema de coyuntura universal en este momento. Esta Conferencia Internacional abordará el tema siguiente: “Inmigración, Diáspora y Democracia: repensando las experiencias latinoamericanas”,  para este evento, invitamos, Señores rectores, a todas las del país. Nos parece que éste es un tema capital en el mundo de hoy. No hay más que ver lo que está ocurriendo en el Continente Europeo, pero en nuestro caso la inmigración es un problema permanente y coyuntural.

Coyuntural porque somos migrantes, y la situación de la inmigración en los Estados Unidos, y en todo el mundo; está siendo profundamente cuestionada. Permanente, porque nosotros recibimos la inmigración haitiana, y todos sabemos el memorial de agravios que arrastra ése proceso histórico.

Sin embargo, éste debe ser el papel de las Universidades en el mundo de hoy, discutir los problemas más candentes, arrimar soluciones derivadas de sus estudios puntuales, acompañar al país en todos los órdenes de su crecimiento.

Señoras y Señores: La Universidad APEC tiene ya poco más de medio siglo, y si esto se dice fácil, erigir una institución educativa como ésta, y mantenerla en la vanguardia de las Universidades de nuestro país,  ha sido una tarea agotadora de muchos hombres y mujeres e instituciones, incluso de varias generaciones de universitarios que han aportado a su engrandecimiento paulatino.

Sabemos el nivel de compromiso en que se encuentra el sistema educativo dominicano; y sabemos también que, a pesar de la hegemonía tecnológica, las tecnologías facilitan el aprendizaje, pero no lo garantizan. Hoy iniciamos nuestra gestión con mucho entusiasmo, con un espíritu creativo, y con el deseo vehemente de construir entornos educativos que puedan mejorar el aprendizaje. Por ello,  tomándolo de aquél otro discurso de toma de posesión, del año 1997, repito: “En ustedes todos, son muchas las esperanzas que tengo cifradas en la labor que inicio en esta gestión al frente de UNAPEC; esperanzas que son, muchas de ellas, superiores a todo esfuerzo humano individual, y cuya realización  exige una inmensa capacidad de sacrificio  que estoy dispuesto a enfrentar”.

Este honor, me obliga a continuar mientras vida tenga en el sistema educativo, porque es verdaderamente la llave del desarrollo, la llave de la paz, la llave para las relaciones pacíficas entre naciones, entre gente, entre comunidades.

“Si queremos la Paz, debemos buscar un camino para el desarrollo, y si queremos desarrollo, debemos buscar la manera de educarnos, la manera de encontrar esa educación fundamental, que llegue a la gente por sus raíces, con valores morales, una educación de familia, que toque a todo hombre, que pueda cambiar a las personas haciéndolas mejores, que las haga llegar a una meta más allá, a un camino para una vida plena, una vida de dignidad, una vida que nos acerque a nuestra propia vida, QUE ES EL SEÑOR”.

Finalmente, este honor, repito, me obliga a observar que mientras la muchedumbre pasa, aunque ella no mira al cielo, el cielo la mira, y sobre una masa oscura e indiferente, como tierra del surco, algo desciende de lo alto, y que debo acordarme de mi creador, porque el polvo volverá a la tierra y el espíritu volverá a Dios.

Que Él les acompañe siempre, a ustedes y a mí.

Muchas gracias.