Educacion

16 May, 2017

 

Discurso del Dr. Franklyn Holguín Haché durante la Graduación Extraordinaria (sábado 6 de mayo, 2017)

Arribamos a un nuevo acto solemne de investidura de la Universidad APEC, y es justo que ante todo congratulemos a los que reciben su grado por los títulos alcanzados. Luego de esfuerzos de profesores y esfuerzos propios, les ha llegado a ustedes el momento del reconocimiento público, por su trabajo y perseverancia.

La Universidad APEC, siente el regocijo de asegurar que merecen ese título, y siente el gozo de estar seguro de que el mismo los hará más aptos para el servicio a nuestra República Dominicana.

También es justo reconocer, que la mayoría de ustedes han tenido que estudiar en medio de condiciones económicas adversas, sacando el financiamiento de pequeños sueldos, recibiendo créditos educativos de una de nuestras instituciones, la Fundación APEC de Créditos Educativos. Unos pocos han estudiado con el dinero de sus padres. Pero ese estudio duro, también templa el ánimo y hace más sabroso el triunfo final, lo hace más participativo y solidario, como debe ser el ejercicio profesional de los dominicanos.

Hace hoy 51 años, que apareció la Universidad APEC, como un milagro de la Educación Superior, en un momento en que nuestra patria urgía de renovados valores que la encimara como otrora, cuando fuimos la cuna de la cultura americana, y con la definida intención de contribuir a la formación de recursos humanos calificados para el desarrollo nacional, y la de crear en sus estudiantes un sentido cívico de participación en el servicio de la nación.

Los días que corren, fuerza es decirlo, gravitan sobre el destino humano un océano de dudas y ambiciones. En el siglo XXI nos enfrentamos a una crisis que estremece los cimientos de la fe; pareciera que aún los dominicanos no encontramos esa vía propia del crecimiento, para ser honestos, no lo hemos encontrado.

Muchas esperanzas han resultado fallidas, muchas expectativas, frustradas, muchas oportunidades perdidas. Nuestros males son peores y más profundos. Las necesidades más elementales y gruesas. Nuestros vicios más atrevidos y dañinos.

Me atrevo a afirmar que, vivimos la más trascendental controversia de la historia, fallada pero no resuelta todavía, porque el drama de la humanidad contemporánea se reduce en el fondo, a una lucha entre el derecho de hombre a disfrutar de plena libertad y la tendencia del poder civil a sojuzgarlo en nombre de la razón política, de las convenciones sociales; a una lucha del imperativo del imperativo pretencioso de la razón, el automatismo ciego de la técnica, está inquietud en que naufragan los entendimientos, esta paz inestable que siembra la desconfianza y el temor en el alma de los pueblos, ¿cómo puede explicarse esta fiebre de lucro que se extiende al universo entero y esta abolición de todos los valores en que se ordena la escala de la vida?

Pienso, podemos explicar esta controversia porque considero que “estamos en un período de tiempo en que un nuevo intento del hombre de negar los principios en que se funda la sociedad cristiana y de discutir el reinado de la tierra, a aquel que se hizo intérprete de  todos los cuerpos, de todas las miserias, de todas las culpas, de todas las humillaciones, y las depositó a los pies de la cruz para que los dolores humanos, y cuando extendió sus brazos ante la expectativa universal para ofrecer a los hombres de buena voluntad, no sólo la posesión de la tierra, sino también la posesión del cielo y el imperio de la esperanza infinita.”

Ahora bien, la gleba del amor no es árida y reseca, y, nosotros los maestros, tenemos el deber de esparcir, al par que el grano de la enseñanza, el aventado germen de la fe, eso por lo menos, tratamos de hacer.

Cada mañana, nos hacemos el propósito de no persistir en las cosas amargas de la vida; y de dar gracias al supremo hacedor, porque aún no se ha extinguido la luz de la esperanza.

Nosotros, como Rector, sabemos lo que tenemos entre manos y lo que debemos impulsar.

Por tanto, les señalo que no hay manera de habitar una sociedad sana y perfectible, sin una sólida convivencia en valores. Pero, ¿qué son los valores, realmente? ¿Cómo se manifiestan de forma concreta los valores en el seno de la sociedad? Los valores conforman la expresión concentrada de las relaciones sociales. Una sociedad le es imposible sobrevivir sin valores.

Quisiera poner un ejemplo contemporáneo respecto del daño que ocasiona vivir en una sociedad sin valores, el caso de la corrupción. La corrupción es un antivalor. Está opuesta a la honradez, a la honestidad, a la responsabilidad, a la solidaridad. Por lo tanto, no debería valer por igual ser corrupto a ser honesto, solidario, honrado.

En esencia los valores son también un reconociendo del otro, nos remiten a la convicción revolucionaria de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuación a otro. Pero si históricamente la corrupción es una práctica interrumpida, si la sociedad es impotente para acorralarla como un antivalor, y se legitima; entonces sobreviene lo que en el orden sociológico se llama paradigma sobre determinante.

En toda sociedad opera un conjunto de representaciones, esquemas e ideas que determinan la actividad, la conciencia y conducta de los individuos que la integran.

Graduandos, ustedes son un paradigma positivo. Este es un gran día para sus familiares, para la universidad, y para el país. El deber de todos ustedes es contribuir con sus saberes a edificar un mejor modo de existencia colectiva.

Sólo hay una forma de ser auténticamente éticos: Creer en la posibilidad eficaz de la virtud. Lo que aquí ocurre ahora, verlos con sus respectivos títulos, togas sus esclavinas; es una muestra fehaciente de que es la virtud lo que gobernará sus vidas.!

 

¡Que Dios les bendiga!

Hoy damos con la clave luminosa de una labor abnegada, tras enseñar siempre la verdad y es portador de ese cardinal luminoso del amor como fuerza divina: Jude Thaddeus Okolo.

La personalidad de Su Excelencia Reverendísima se destaca en el ámbito del servicio diplomático, siempre en actitud diáfana, admirable y con los alientos apostólicos que le impone su vocación sacerdotal.

Yo lo conozco bien, de su Curriculum Vitae extraemos estos datos:

Nació en Nigeria. Es doctor en Derecho Canónico, estudió latín, griego y hebreo. Además de su lengua materna, Igbo (idioma nigeriano), domina el inglés, francés, italiano, alemán, español, checo, sango, cingalés y creol. Es autor de los libros “La Natura Jurídica de la Santa Sede”, El Rol de la Religión en la Diplomacia” y “Las obras de la Congregación del Espíritu Santo en Nigeria”. Fue orador sacerdote el 2 de julio de 1983, trabajó en la Curia Vaticana entre 1984 y 1986 (Diálogo inter-Religioso), ingresó en el Servicio Diplomático de la Santa Sede en el año 1990 y sirvió sucesivamente en las Representaciones Pontificias en Sri Lanka, Haití, Antillas, Suiza, Liechtenstein, República Centroafricana y Chad; ordenado Arzobispo titular de Novica el 27 de septiembre de 2008. El 7 de octubre de 2013, con el acervo de amor y fidelidad que le caracteriza fue nombrado Nuncio apostólico en la República Dominicana por Su Santidad el Papa Francisco.

Su labor en el País entero, que ha vivido en misión pastoral, has obedecido a un lógico admirable porque has respondido a reclamos santuarios de los espíritus en la humanidad ejemplarizada obedeciendo a las enseñanzas del Primer Maestro del Universo Poderoso, decir que Monseñor Jude Thaddeus Okolo, su dar en un país ha sido pertinente en el amor y persistente en la fe.